sábado, 5 de mayo de 2012

Recital poético




Con motivo del día del libro y a través de la actividad formativa de fomento de la lectura,  quisimos rendir en esa semana tan especial un pequeño homenaje a nuestros libros, y disfrutar de un ratito agradable en compañía de los padres y familiares a través de varias lecturas variadas, a los cuales agradezco su colaboración y su entrega en un pequeño pero gran recital.

Algunos de los poemas que leímos:

Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera...

Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas




sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta

En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,


y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!.

(Antonio Machado)



Haciendo homenaje a las viejas historias de nuestra Extremadura leimos y escuhamos la mora de Mansaborá, ,que según cuenta la leyenda, el pasadizo de Mansaborá sirvió a los leoneses para franquear la muralla y después, al abrigo de la noche, poder hacerse con el control de cada calle del interior de la fortaleza de Hinz Qazrix, la actual Cáceres. La conquista de la ciudad tuvo lugar el 23 de abril del año 1229, coincidiendo con la festividad de San Jorge, patrón de todas las ordenes militares que había intervenido en aquel último asedio, dirigido por el rey leonés Alfonso IX. De acuerdo con la misma tradición, fue un capitán cristiano quien consiguió las llaves de dicho pasadizo, logrando enamorar a la hija del cadí que, inocente de ella, se las prestó pensando que de aquel modo podría verse a escondidas con su amado. Este logró conquistar la ciudad de Cáceres para la cristiandad. El kadiz enfandado con su hija por su traición la castigó a vagar eternamente por las calles de la ciudad convertida en gallina y a sus doncellas en polluelos


Pregúntaselo a la luna
que hoy es noche de San Juan,
que mientras las piedras duermen
pregúntale y te dirá
que una princesa cautiva
va sembrando la ciudad
ve lágrimas de esmeralda,
mora de Mansaborá.

-¿Por qué lloras por mis calles,
mora de Mansaborá?
-Porque he perdido las llaves
y el amor de un capitán.

Pregúntale a las cigüeñas,
espías de los amantes,

que mientras las piedras duermen
pregúntales, que ellas saben.
Se oyen más de mil lamentos,
llantos, gemidos y hablares
que estremecen a los gatos,
mora que alumbras las calles.

¿Por qué lloras bella mora,
guardiana de esta ciudad?
Porque he perdido las llaves
y el amor de un capitán.

Por amor te abrí la puerta
y entraste con una espada
sin saber que el corazón
nunca supo de batallas.
Mas amar es combatir,
me dijo mientras luchaba,
y yo combato por ganar
esta ciudad que es mi amada.

-¿Por qué vagas bella mora
por las calles de esta ciudad?
-Porque he perdido a mi padre

                     y el amor de un capitán
Pregunta por los adarves,
testigos de tu desgracia,
en la Plaza de San Jorge
o en San Juan de madrugada.
Pregunta en cada palacio,
pues todas las piedras hablan
de la historia de una mora,

la de la Mansaborá.









También quisimos con nuestro cuentacuentos  envíar un mensaje muy especial:  que hay que pensar las cosas antes de hacerlas impulsivamente para evitar consecuencias imprevistas y dolorosas.“Dos duendes y dos deseos”
Hubo una vez, hace mucho, muchísimo tiempo, tanto que ni siquiera el existían el día y la noche, y en la tierra sólo vivían criaturas mágicas y extrañas, dos pequeños duendes que soñaban con saltar tan alto, que pudieran llegar a atrapar las nubes.
Un día, la Gran Hada de los Cielos los descubrió saltando una y otra vez, en un juego inútil y divertido a la vez, tratando de atrapar unas ligeras nubes que pasaban a gran velocidad. Tanto le divirtió aquel juego, y tanto se rio, que decidió regalar un don mágico a cada uno.
- ¿Qué es lo que más desearías en la vida? Sólo una cosa, no puedo darte más - preguntó al que parecía más inquieto.
El duende, emocionado por hablar con una de las Grandes Hadas, y ansioso por recibir su deseo, respondió al momento.
- ¡Saltar! ¡Quiero saltar por encima de las montañas! ¡Por encima de las nubes y el viento, y más allá del sol!
- ¿Seguro? - dijo el hada - ¿No quieres ninguna otra cosa?
El duendecillo, impaciente, contó los años que había pasado soñando con aquel don, y aseguró que nada podría hacerle más feliz. El Hada, convencida, sopló sobre el duende y, al instante, éste saltó tan alto que en unos momentos atravesó las nubes, luego siguió hacia el sol, y finalmente dejaron de verlo camino de las estrellas.
El Hada, entoces, se dirigió al otro duende.
- ¿Y tú?, ¿qué es lo que más quieres?
El segundo duende, de aspecto algo más tranquilo que el primero, se quedó pensativo. Se rascó la barbilla, se estiró las orejas, miró al cielo, miró al suelo, volvió a mirar al cielo, se tapó los ojos, se acercó una mano a la oreja, volvió a mirar al suelo, puso un gesto triste, y finalmente respondió:
- Quiero poder atrapar cualquier cosa, sobre todo para sujetar a mi amigo. Se va a matar del golpe cuando caiga.
En ese momento, comenzaron a oír un ruido, como un gritito en la lejanía, que se fue acercando y acercando, sonando cada vez más alto, hasta que pudieron distinguir claramente la cara horrorizada del primer duende ante lo que iba a ser el tortazo más grande de la historia. Pero el hada sopló sobre el segundo duende, y éste pudo atraparlo y salvarle la vida.
Con el corazón casi fuera del pecho y los ojos llenos de lágrimas, el primer duende lamentó haber sido tan impulsivo, y abrazó a su buen amigo, quien por haber pensado un poco antes de pedir su propio deseo, se vio obligado a malgastarlo con él. Y agradecido por su generosidad, el duende saltarín se ofreció a intercambiar los dones, guardando para sí el inútil don de atrapar duendes, y cediendo a su compañero la habilidad de saltar sobre las nubes. Pero el segundo duende, que sabía cuánto deseaba su amigo aquel don, decidió que lo compartirían por turnos. Así, sucesivamente, uno saltaría y el otro tendría que atraparlo, y ambos serían igual de felices.
El hada, conmovida por el compañerismo y la amistad de los dos duendes, regaló a cada uno los más bellos objetos que decoraban sus cielos: el sol y la luna. Desde entonces, el duende que recibió el sol salta feliz cada mañana, luciendo ante el mundo su regalo. Y cuando tras todo un día cae a tierra, su amigo evita el golpe, y se prepara para dar su salto, en el que mostrará orgulloso la luz de la luna durante toda la noche.





































Y recordad siempre que:

“Los libros son maestros que nos enseñan sin férula ni azotes, sin gritos ni enfados, sin vestiduras vanas y sin monedas. Si acudís a ellos súbitamente nunca los encontraréis durmiendo, si los interrogáis nunca disimulan sus ideas, si os habéis equivocado no murmuran, si cometéis una necedad nunca se burlarán de vosotros. ¡Oh libros! ¡Los únicos poseedores de la libertad, los únicos que nos permiten disfrutarla!”.
 

Richard de Bury

2 comentarios:

Toñi dijo...

Creo que habéis hecho una estupenda labor este curso, en la actividad de fomento a la lectura, como se refleja en esta actividad y las fotos que nuestran lo bien que trabajáis.

Anónimo dijo...

Fue todo muy bonito y lo hicisteis muy bien